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Reacciones conductuales ante catástrofes

Una correcta formación en catástrofes promueve la educación desde jóvenes y promoción y aprendizaje de conductas seguras.

Equipo Océano Medicina

Toda catástrofe, es decir, aquellos sucesos infaustos que alteran gravemente el orden de la realidad, de manera trágica, imprevisible y ajena al control de los seres humanos, fundando graves consecuencias como desorganización del cuerpo social, elevados niveles de frustración y sentimientos de impotencia personal, exteriorizan un conjunto de particularidades comunes. Ante el impacto de un evento traumático post situación catastrófica, se pueden distinguir tres tipos de reacciones posibles de alteraciones conductuales.

Las reacciones más comunes
En primer lugar, en las reacciones adaptadas se ven afectados aproximadamente del 10 al 20% de los implicados, variable según el tipo y características del desastre. Se caracterizan por su capacidad de mantener la calma, adopción de medidas de protección y auxiliar a los compañeros. Suelen ser personas informadas o preparadas, con experiencia de mando y elevado sentido de la responsabilidad cívica y moral.

En segundo lugar, en las reacciones inadaptadas se ven afectados un porcentaje de entre el 20 y el 25% de sujetos implicados, quienes pueden registrar conductas inadaptadas, desde reacciones emocionales intensas, como pánico, hasta comportamientos de agitación, inhibición o estupor, o marcadamente de negación y oposición.

Finalmente, y en tercer lugar, la mayoría (porcentaje de entre un 50% y 60%) de los afectados es altamente influenciable, se muestran inseguros e indecisos y actúan bajo la presión de las circunstancias. Pueden dirigirse hacia un sentido positivo (conductas de cooperación y socorro) o hacia un sentido completamente negativo (inhibición, pánicos, fugas). En condiciones que sean favorables en la mayoría de las ocasiones existe un control por parte de los afectados con lo que los comportamientos suelen ser adecuados, e incluso generosos y abnegados hacia el sacrificio por los demás.

Por consiguiente, y en base a lo expuesto precedentemente, se pueden distinguir diversas conductas relacionadas a alteraciones conductuales en catástrofes. Conductas de hiperactividad, a veces frenética y desordenada, estado de exaltación emocional, conductas motoras incontroladas, incluso marchando directamente hacia el peligro (“fuga hacia delante”), arriesgando la vida propia y/o la ajena. Comportamientos apáticos, sin iniciativa, con inmovilidad o desplazamientos sin sentido. Dóciles ante las órdenes que les imparten, muestran conductas próximas al automatismo. Conductas que persiguen el distanciamiento del acontecimiento traumático, llegando, incluso, hasta el estupor psicógeno, con disminución profunda o ausencia de la motilidad voluntaria y de la respuesta normal ante los estímulos externos (luz, ruido, tacto). Comportamientos violentos se pueden desencadenar por los sentimientos de frustración personal, ante la magnitud de la catástrofe, aunque también, en otras ocasiones, figuran como reacciones a determinadas medidas de los equipos de socorro y orden, (actuaciones a veces “impersonales”) y, sobre todo, por la desinformación.

De este modo, y a modo de conclusión, mantener conductas adaptadas ante una situación catastrófica depende de cómo interactúen en el proceso distintas variables. Evidentemente, inmersos en la situación crítica, los comportamientos adecuados responden a ejecutar conductas generales de autocontrol, que se expresan manteniendo la calma, aspecto básico para poder emitir acciones acordes a las consignas de emergencia: protección, aviso, evacuación, lucha y colaboración. Por lo tanto, una correcta formación en catástrofes promueve la educación desde jóvenes y promoción y aprendizaje de conductas seguras, según lugares y actividades; la inmunización conductual como método que logre experiencia de control de situaciones traumáticas y proteja al organismo de la indefensión causada por un trauma inescapable; la aprehensión de conductas de autoprotección; y el conocimiento de ubicación, manipulación y manejo de instrumentos ante la emergencia, aprendizaje para identificar y discriminar la oportunidad de actuar.

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